Caminamos tejiendo nuestras manos por la orilla de un lago cristalino; nuestras voces desgranan al destino que con hierro vincula a dos humanos.
Por la senda nos guían las estrellas que brillantes refulgen en los cielos; y la luna nos cuenta sus anhelos, mientras sigue contrita nuestras huellas.
En el bosque el andar se ralentiza al rasgarse el silencio de la noche; cual arpegios de piano, un gran derroche de gorjeos y trinos nos bautiza.
Cuando mengua el concierto vigoroso, en la calma que sigue a las tormentas, unas manos esperan muy atentas a los gestos de un cuerpo delicioso.
Tu mirada se encuentra con la mía y silente preguntas, ¿tú me amas? Yo recojo la gota que derramas pues confieso que sí, con alegría.
Al momento tus labios me regalan su caricia, encubierta con diablura, cuando rozan los míos con dulzura y al calor, sus secretos intercalan...
Ya por fin, con tañido de campana, pregonamos al Mundo con fervor que disfruten, en todo su esplendor, los amores maduros del mañana.
Yo podría otear el firmamento buscando inspiración en las estrellas, para luego plasmarla con mis letras en cuartillas de prosa o limpios versos. Yo podría abarcar todos los cielos volcando sus colores en paleta, y más tarde pintar sobre una tela imágenes reales o de ensueño. Mas mis ojos anhelan tus luceros, negándose a cumplir dichas tareas.
Yo quisiera rozar con suaves dedos la inmaculada piel de una princesa, y coser para ella finas prendas sin temor a dañar el terciopelo. Yo quisiera tener un pulso férreo cincelando esculturas de madera, y entonces demostrar con su belleza que en el arte de Fidias soy maestro. Pero mis manos… torpes instrumentos son, pues sólo acarician tus caderas.
Tú eres el final de mi comienzo, un faro que ilumina nuestra senda; te conviertes en musa de poetas o estrella rutilante del elenco. Tú eres la oración que siempre rezo, de todas mis plegarias la respuesta, pues alegras con risas la existencia y me elevas al cielo de mi credo. ¡No me importa viajar por campos yermos! mientras seas refugio que me alberga.
Quisiera ser el mar de tus anhelos, el cuaderno que pintas con tus letras, la pluma que suspira entre tus dedos cuando cortas despacio fina tela, ser sólo el delicado terciopelo que envuelve de colores a princesas con tu pulso seguro de maestro. Quisiera de tus noches ser la estrella, ser la ruta y final de tu sendero al mostrarte del mundo la belleza, mientras velo en la sombra tus ensueños. Yo quisiera ofrecerte las respuestas, ser baluarte o el ángel de tu credo que alegre cada día tu existencia.
¿Dónde está el niño de esa vieja imagen? ¿Dónde, sus ojos almendrados, listos? Dos ocelos fulgentes y curiosos hoy cobardes y ocultos en sus órbitas, ojos que eluden el dolor humano y la penuria.
¿Qué pasó con sus manos regordetas? Esas manos sinceras, suaves y amarteladas, hoy garras sarmentosas, indiferentes, rígidas, que se aferran a bienes materiales. ¿Qué pasó con su dermis? Dermis de terciopelo, hoy arrugada y áspera, un escudo… ¿contra qué? o ¿contra quién?
¿Dónde está su sonrisa encantadora? Presta sonrisa transformada en rictus, distorsionada mueca en su espejo cansado, cansado y triste.
¿En qué umbríos parajes olvidó su candor?
Miro, miro mi foto, mas no me reconozco; y las lágrimas brotan de mis dedos, melancólicas lágrimas, lágrimas brunas que mancillan la albura del papel al verterse serenas, perezosas. Pues hoy se ha muerto un niño y ha nacido un poeta.
Buscaremos a ese niño en el cálido poeta, pues conserva su candor entre las mágicas letras; ¡que no exista el sufrimiento; que prescriba la pobreza!, pues sus dedos soñadores y su mirada despierta bailarán en las cuartillas imprimiendo la riqueza, de una vida generosa, y la forja de experiencias. Con sublime corazón y un alma libre, que vuela, hará temblar con arpegios de poesía... muchas cuerdas.
Antonio Pinedo
Ingeniero Mecánico y Master en Ingeniería Empresarial por la Universidad Simón Bolívar de Caracas, Venezuela. Tesis de postgrado publicada en la revista “Operations Research” (USA). Su vocación por la escritura le llegó tardía, pero busca hacerse un lugar en el mundo de la Literatura_
Angeles Conde
Ingeniero Civil por la Universidad Santa María de Caracas, Venezuela. Casada con Antonio Pinedo, al que contagió su amor por la poesía, introduciéndolo en el mundo de la Literatura.
Los textos se ilustran con fotos encontradas en Internet. Agradecemos a los autores de las mismas que nos hagan saber si podemos reproducirlas y, en caso afirmativo, que nos informen sus nombres para hacer constar su autoría.
Fiestorro en la Taberna (II)
-
*Fiestorro en la Taberna (II)*
¡¡¡Marchando una de aquelarreee... !!!
Yujuuuuuuu
Atención, atención...
¿Toy guapo de fantasma?
En el exterior, barra ...
Os Extraño...
-
“Conoceros fue quereros, olvidaros es imposible”.
*Os extraño... *
*Los claveles –tus flores preferidas-,*
*que antes adornaban los jarrones*
*del hoga...