martes, 8 de diciembre de 2009

Indio Arapahoe




INDIO ARAPAHOE

El rostro cincelado en rojo y bronce,
la larga y lisa cabellera negra,
ataviada de plumas, con la cierva
al hombro y un andar cansino, a golpes,

acercaban al indio arapahoe
al centro del poblado; la tormenta
asomaba a lo lejos, una inmensa
manada de bisontes al galope,

arrancando destellos y cascotes
de cielos infinitos, con su ciega
furia, rememorando aquellas guerras
acaecidas entre dioses y hombres.

La otrora vista aguda, de ocelote,
apenas le guiaba por la vera
del camino, tropieza que tropieza,
arrastrando sus huesos cimarrones.

Los indios esperaban en cohorte,
entre los altos tipis y la leña,
al viejo jefe que traía ofrendas
de luz, en tiempos de terrible noche…

Su ahíto corazón, antaño joven,
no resistió la trágica odisea,
enterrando a su pueblo con las nieblas
del olvido, una tumba entre los bosques.

Antonio Pinedo ©
16-05-09

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